El Sarcófago paleocristiano de Écija

Sarcófago paleocristiano de Écija

El arte necrológico prosperó a partir del Edicto de Milán y la paz de la Iglesia en el año 313. La plástica artística se movió entre las pinturas en catacumbas y la elaboración de relieves en los sarcófagos funerarios. Éstos eran traidos desde Roma hasta el antiguo territorio de Hispania, aunque con el auge de este particular arte, a partir del siglo V comenzaron a aparecer en nuestro territorio talleres locales.

En Andalucía podemos encontrar algunos sarcófagos, en particular los que se encuentren en Martos (Jaén) y en Berja (Almería), que datan del tercer decenio del siglo IV. El de Alcaudete, también de la provincia jiennense fue elaborado, sin embargo, en un taller local, pero se entronca con el sarcófago paleocristiano de Écija por contar con una temática similar basada en antiguos manuscritos orientales que se conservaban en la península.

De entre aquellos antiguos talleres especializados destaca una escuela de imageniería escultórica cordobesa que se centró en la fabricación de estos sarcófagos. Fue en esta escuela donde se elaboraría el sarcófago de Écija que hoy os recomiendo visitar y que se encuentra en el prebisterio del templo de la Iglesia parroquial de Santa Cruz en Écija, Sevilla, formando parte de la mesa de altar.

El sarcófago paleocristiano de Écija se descubrió en enero de 1886 junto al muro norte de la iglesia de Santa Cruz cuando se estaban excavando unas zanjas para empezar a construir una nueva capilla a la Virgen del Valle, patrona de la localidad.

El sarcófago está construido en piedra caliza blanca y mide 221 cm. de largo, 60 de ancho y 70 de alto. La decoración está solo en el frontal, un bajorrelieve muy plano en el que se representan tres escenas bíblicas aisladas relacionadas con la salvación en el nuevo y Antiguo Testamento: el Sacrificio de Isaac (Génesis 22), el Buen Pastor (Lucas 15, 3-7; Juan 10, 1-6) y Daniel en el foso de los leones (Daniel 6, 2-9). De hecho, la imagen de el Buen Pastor fue muy utilizada en las pinturas catacumbarias en alegoría a Jesús salvando el alma de sus fieles en clara alusión a la famosa parábola de la oveja perdida.

Como curiosidad, fíjáos en que cuenta con rótulos en griego: éstos identifican a los personajes y muestran la influencia bizantina existente sobre el arte paleocristiano en esta zona andaluza.

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Foto de Varpaijos

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