La andaluza Torre del Oro de Sevilla

Torre del Oro

Dejé el barrio de Santa Cruz atrás. Pura gracia andaluza, como al otro lado del Guadalquivir la tiene también el aún más popular Barrio de Triana. La calle Betis a un lado; el Paseo de Cristóbal Colón al otro, y para cruzar el navegable río, los puentes de Isabel II y San Telmo. Y testigo directo del gracejo sevillano durante siglos, la monumental Torre del Oro. “Ojú, mi arma, y ni Oro tiene, pero quillo, vaya Torre, y vaya solecito rico pa’sentarse a su lao”.

Dentro del arte almohade que destaca en Andalucía, la torre albarrana del Oro en Sevilla es uno de los elementos más destacados, junto con la Mezquita mayor. Este arte procedía de las tribus de las montañas norteafricanas y, tras apoderarse del territorio magreví, ocuparon las ciudades de Córdoba, Sevilla y Badajoz.

Tras vencer en la batalla de Alarcos, en Ciudad Real, el califa Abu Yusuf Yaqub mandó construir cuatro esferas de bronce que colocaría para rematar el alminar de la Giralda. No obstante, dos décadas después, éstas comenzarían a descomponerse tras la llegada de las tropas cristianas desde el alto Guadalquivir en las Navas de Tolosa, Jaén.

En el terreno artístico, los almohades despreciaron el lujo y predicaron un retorno a la extremada sencillez. Su arquitectura es puramente austera, con muchos espacios vacíos donde descansar la vista y fundamentalmente de ladrillo.

Parte de la re-edificación de las murallas de Sevilla por parte de los almohades es la torre del Oro, cuya misión era impedir el paso y controlar la entrada de navíos por la ribera izquierda del río Guadalquivir. En la otra orilla se situaba un fortín que le servía de auxilio, equipado con una cadena que se tendía para bloquear el tráfico fluvial.

De planta dodecagonal (de 15,20 metros de diámetro y 36,75 metros de altura) y con dos cuerpos superpuestos (pues la linterna del ático fue un añadido del siglo XVIII), la construcción de la torre del Oro se inició en torno al año 1220. Sobre su nombre existen aún varias divagaciones. En una de ellas se la relaciona con el hecho de que, al desembarcar galeones americanos llenos de lingotes, las monedas eran depositadas en su interior en vez de en la llamada Casa de la Moneda. Se ha dicho también que la torre estaba totalmente alicatada con cerámica metálica y que proyectaba brillos dorados por el sol.

Pero lo cierto es que parece ser que se encontraba enlucida de almagra en su base y revestida con azulejos, que de muy lejos cegaban. O por lo menos, así lo afirmaría el historiador del siglo XVI Luis de Peraza.

Información práctica para tu visita la Torre del Oro:

  • – Dirección: Paseo de Colón s/n.
  • – Teléfono de información: 954 22 24 19
  • – Martes gratis. Cerrado todos los lunes y el mes de agosto. Precio entrada: entre 1 ó 2 €.
  • – Horario: De martes a viernes, de 10:00 a 14:00; y domingos y festivos, de 11:00 a 14:00.

Foto Vía: César Atanes

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