El Monasterio de Yuste en Cáceres, reposo de un Emperador

Monasterio de Yuste en Caceres

Aquel gran emperador sobre cuyos dominios no lograba ponerse ni siquiera el sol estaba ya muy cansado. Carlos V, tras una gran cantidad de guerras, y con el cuerpo harto de política y sinsabores, decide dejarlo todo en 1552. Cede sus posesiones en Austria a su hermano Fernando, y los territorios en España, Italia, Países Bajos y América a su hijo Felipe II. El gran emperador se retira…

Muchos podrían pensar que con tantos territorios, tantas bellezas conquistadas y tantos lugares a donde ir, podría haberse retirado a descansar a cualquier punto del planeta. Pero no, parecía como si Carlos V lo tuviera decidido desde pequeño. En medio de un gran bosque de robles, en la provincia de Cáceres, se levantaba el Monasterio de Yuste, la última morada de uno de los hombres más poderosos de la historia de la humanidad.

Allí permaneció hasta su muerte, el 21 de septiembre de 1558. Le acompañaron en su retiro un séquito de más de cien personas, que velaron por la espiritualidad y la salud del monarca hasta sus últimos días. Hoy el Monasterio de Yuste, enclavado a los pies de la Sierra de Tormantos, sigue impresionando por su belleza serena y tranquila.

Las normas de la vida monacal sólo permiten la visita a la iglesia y las dependencias palaciegas. Debemos entrar por la fachada oeste del templo, atravesando un precioso pórtico. La iglesia data del siglo XV y consta de una sola nave. El retablo mayor, de 1580 y encargado por Felipe II, representa la Apoteosis de Carlos V, un homenaje de su hijo.

Hay que destacar también la preciosa sillería del coro, del siglo XV, y el claustro gótico, también de la misma época, que se halla junto a la iglesia. Este es de dos plantas, aunque hay otro claustro, del siglo XVI.

De allí lo mejor es dirigirnos hasta la residencia imperial. No esperéis nada de gran riqueza, ya que todo es muy sereno y austero. La alcoba donde descansaba Carlos V se encuentra en la parte superior. Desde ella se puede ver la iglesia a través de una ventana. A través de ella el monarca seguiría los oficios religiosos, ya que su mal de gota le impidió moverse mucho por el monasterio.

De las salas que hay por las dependencias hay que destacar algunos objetos personales de Carlos V, como un precioso reloj de oro y platino, que data de 1562. Asomaros a la fachada sur donde tenéis un mirador que da al estanque y la huerta que rodea el monasterio.

Un consejo más: si podéis, haced la visita guiada, porque el guía parece un actor, un profesional que sabe dar el ambiente adecuado a la narración y jugar con la voz y los silencios cuando el momento lo requiere.

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Foto Vía: Patrimonio Nacional

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