La monumental Plaza Mayor de Madrid

Plaza Mayor de Madrid

¿Qué queréis que os diga sobre la Plaza Mayor de Madrid? habrá que coserse los bolsillos dada la fama que tiene de estar repleta de carteristas, pero sea como sea, para mí, es uno de los lugares emblemáticos de Madrid y de esos sitios en los que bien merece la pena estar un buen rato, sentado en una terraza, cerveza en mano, y admirando el monumental conjunto de esta Plaza Mayor madrileña. Muchas veces he estado en ella y jamás me ha pasado nada (toco madera), pero puedo asegurar que siempre la he disfrutado.

Son muchos los rincones que se vuelven esenciales a la hora de hablar de una ciudad como Madrid. Si pudiéramos visualizar las cámaras de fotos de todos los viajeros que han pasado por la capital, seguramente una de las instantáneas más repetidas sería la de esta Plaza. Y es que aunque hoy en día quizás sean más conocidos para el turista calles como Gran Vía o zonas como Plaza de España o Chueca, lo cierto es que sigue siendo un lugar vibrante y concurrido.

No solo es bella. Es que en ella se respira Historia. Situada en el mismo corazón de Madrid, su origen se remonta al siglo XV. En aquel momento (cosas que tiene la evolución del urbanismo) se encontraba en las afueras. Es por ello que recibía el nombre de Plaza del Arrabal. Ya desde esos orígenes dio muestra de su importancia, pues en ella se llevaba a cabo el principal mercado madrileño.

No obstante, hubo que esperar hasta 1580, con el traslado de la corte a Madrid, para que Felipe II encargase a Juan de Herrera la remodelación de la plaza, si bien hasta diez años después no se construiría su primer edificio, la actual Casa de la Panadería.

Plaza Mayor de Madrid vista aerea

Finalmente, y ya con Felipe III, la plaza se termina en 1619. Juan Gómez de Mora fue el encargado de ponerle punto y final. El que quizás sea hoy uno de sus elementos más definitorios, la estatua ecuestre de Felipe III, obra de Juan de Bolonia y terminada por su discípulo Pietro Tacca, se colocó muy posteriormente, en 1848. La plaza, porticada, consta de nueve entradas, entre las cuales sobresale el Arco de Cuchilleros.

Uno de los aspectos curiosos a la hora de hablar del recinto es que su nombre varió en función de la coyuntura histórica del momento, llamándose, por ejemplo, Plaza de la Constitución o Plaza de la República, además del ya mencionado apelativo de “Plaza del Arrabal”. Como muchas otras plazas seculares, en ellas se han celebrado corridas de toros y hasta ejecuciones públicas. Hubo una época en la que incluía árboles. En los años sesenta del siglo XX se cerró al tráfico rodado, y en 1992 se redecoró la fachada de la Casa de la Panadería.

Hoy en día, tras cambios e incendios varios, sigue acogiendo en sus soportales curiosos comercios difíciles de encontrar en otros puntos de la ciudad, como las pequeñas tiendas dedicadas a la numismática y la filatelia. Además, en todo el recinto se sitúan mimos, caricaturistas y artistas varios, que siguen haciendo de la Plaza Mayor un lugar de encuentro, como ha sido desde sus orígenes.

Desde el mes de noviembre allí se celebra desde hace años un mercadillo con productos navideños que atrae la atención de madrileños y visitantes.

¿Insegura? puede ser, pero que sea lo que Dios quiera. Yo seguiré yendo allí…

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